Estás en casa del cliente, con las manos sucias y sin ganas de sacar el ordenador. Así es como se hace el presupuesto antes de irte.
Los tienes todos en una lista, con su NIF, y los buscas escribiendo dos letras.
Si es nuevo, no hace falta teclear nada: le haces una foto a cualquier factura donde aparezca —o subes el PDF— y el nombre, el NIF y la dirección se rellenan solos. También puedes dictarlos.
Hablas como le hablarías a él, sin fórmulas raras. Cada vez que dictas, las líneas se añaden a la lista.
«Cambiar tres radiadores a ciento veinte euros cada uno y cuatro horas de mano de obra a cuarenta y cinco euros la hora.»Eso son dos líneas, con su cantidad y su precio. Y puedes seguir hablando: una reforma de veinte líneas se hace igual, en tandas, sin teclear.
Cada línea con su cantidad, su precio, su IVA y su importe. Cambias una cantidad con el dedo, borras lo que sobre y añades lo que falte.
El total se recalcula al momento, así que sabes lo que vas a ofrecer antes de ofrecerlo.
Un toque y el presupuesto está hecho, con tu nombre, tu CIF y los datos de tu cliente donde tienen que estar.
Sale en PDF y se manda por WhatsApp o por correo desde el propio móvil. Antes de salir de la casa.
El presupuesto aceptado se convierte en factura sin volver a escribir nada. La emites y se la mandas desde el mismo sitio.
Con su numeración correlativa y preparada para VeriFactu, obligatorio para autónomos el 1 de julio de 2027.
Lo que tú ves es una pantalla con cuatro botones. Lo que hay debajo es un programa contable con más de 15 millones de usuarios, con el plan contable español y tus declaraciones.
Por eso tu gestoría puede trabajar con esto desde el primer día, y por eso no se te queda pequeño cuando creces.
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